jueves, 9 de febrero de 2012

Dale gracias


Dale gracias
(Spinetta Jade - Alma de Diamante - 1980)
Abre tus viejas cosas,
junta tu maquillaje,
alguien se acerca
cierra los ojos, siéntate.
 
Dale gracias por estar,
dale gracias por estar
cerca de ti.
 
Sobre los viejos muebles
prende otro cigarrillo,
esta poesía viene a buscarte y además.
 
Dale gracias por estar,
dale gracias por estar
cerca de ti.
 
Este ensueño es un silbido más en el viento
y un guerrero no detiene jamás su marcha.
 
Puedes hallar la jungla
entre estos edificios,
puedes rentarla o bien destruirla y además...
 
Dale gracias por estar
por crecer y engendrar
cerca del bien que gozaste y además...
dale gracias al ángel
por crecer y por luchar
cerca del bien que gozaste y además...
dale gracias al ángel,
dale gracias por estar cerca de ti.
 
Es inútil que pretendas brillar
con tu historia personal.
Recuerda que un guerrero no detiene jamás su marcha.





viernes, 5 de agosto de 2011

Nostalgias o el valor del recuerdo


“Cada canción va abrazada a un recuerdo”
Pedro Guerra

¿Es buena o mala la nostalgia? Dos significados nos presenta el diccionario de la Real Academia: “Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos” y “Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”.

¿Es buena o mala? Creo que añorar un tiempo de dicha no ha de ser malo. Tal vez, lo malicioso esté en la imposibilidad de abrirse (ante una pérdida, dolor, angustia, etc.) a nuevas realidades que puedan proporcionar alegría y felicidad. Esto lo llamaría “el recuerdo que paraliza”.

Es verdad que “lo que no está no está”. Pero, ¿se puede gozar de aquello que no está? ¿Se puede hacer presente desde el recuerdo aquello que se ha perdido y (aún perdido!!!) gozar de ello? ¿Por qué muchos recuerdos van acompañados de sonrisas y hasta lágrimas de emoción?

¡Tantas cosas se pierden en la vida! La infancia, la casa de los viejos, la plaza, la escuela, la esquina, la inocencia... personas: familiares, amigos, compañeros...

Un puñado de canciones invitan al recuerdo, presentado desde diversas perspectivas, distintas miradas, pero intensas:

- El recuerdo y la constatación del crecimiento en “Menguante” del músico canario Pedro Guerra.
- El recuerdo como reafirmación de la identidad en “Al olor del hogar” interpretado por la Bersuit.
- El recuerdo como refugio a partir de “La casa de mi madre” de Raly Barrionuevo.
- El recuerdo y el valor de la niñez: “Chiquillada” de José Carbajal, el sabalero.
- Finalmente, revisión de vida en “Mariposa teknicolor” de Fito Páez.


El recuerdo y la constatación del crecimiento

Hay un efecto que se da a partir del recuerdo: el de percibir que las cosas que recordamos tienen un valor o tamaño muy distinto de como en verdad son. Acerca del tema “Percepción” leía hace un tiempo que el tamaño de los objetos que se perciben dependen del valor que les asigne la persona que recibe dichos estímulos. (Bosselini – Orsini – Psicología).

Los recuerdos de la infancia suelen tener este efecto, especialmente aquellos “lugares” que han sido de un modo especiales: la cocina, el patio, la plaza... En el recuerdo, su tamaño (esto es, la importancia que le asignamos) es mayor de lo que en realidad son. En nuestras mentes los vemos más grandes, importantes.

Al presentar el tema “Menguante”, Pedro Guerra hace referencia a esta particularidad: “todo ha menguado”, “nosotros no crecemos, hay una conspiración: las cosas menguan”, afirmaba el cantor canario.


Menguante
(Pedro Guerra – Bolsillos – 2004)

El banco de mármol, la plaza, el velero;
cañones por banda... La casa, el colegio,
el uno en la espalda del breve portero...
Ya nada es lo mismo.
Menguaron. Pequeños.

El patio, las flores, el invernadero,
los verdes limones que da el limonero,
la lluvia golpeando el temor de mis sueños...
Ya nada es lo mismo.
Menguaron. Pequeños.

Sólo el mar es igual,
profundo y azul:
más grande que yo,
más grande que tú.

La piedra que enjuaga el jersey del invierno,
mis botas de barro, mi espada, mis besos,
la Iglesia espiando el calor de mis juegos...
Ya nada es lo mismo.
Menguaron. Pequeños.

El arco que carga al rosal desde el suelo,
la calle que ayer era un campo desierto,
la luz del otoño arañando el espejo...
Ya nada es lo mismo.
Menguaron. Pequeños.


El recuerdo como reafirmación de la identidad

De los lugares que la infancia, el hogar posee una significativa importancia. Muchas canciones hablan del regreso al hogar, en este caso, “Al olor del hogar” instala una distinta perspectiva: el recuerdo como reafirmación de la identidad.

Al olor del hogar
(Bersuit Vergarabat – La argentinidad al palo – 2004)

Mi casa era un abrazo con aromas,
afuera el mar oleaba en adoquines,
por suerte había chapas que, en la siesta,
hacían que llover no fuera triste...

Y hablo de mi casa, nunca nuestra,
mudándonos de barrio, sin opciones,
a la hora de movernos, ¡qué increíble
imaginar un mundo en los camiones!...

La casa, ningún living, de una pieza,
de los despertadores tan temidos,
soñando que, tal vez, quizá no suene
para ir a mi otra escuela de bandidos...

Jamás podré elogiar a mi pobreza,
tan sólo es el cristal de mi pasado,
que suena, como copa, en esta noche
y abraza con su vino destapado...

Mi hermano heredándome la pilcha,
aquella que vistió también a un primo,
así fue que aprendimos el secreto
de compartir los parches y el camino...

El carnaval y el tango fueron cuna,
mi vieja me cantó "Duerme, negrito",
y en mi segundo hogar, el Gallinero,
mi viejo me soñó como Angelito...



Los aromas de la casa, los adoquines de la calle, las chapas del techo y esa sensación de mudanza permanente. No había propiedad sino pertenencia, identificación con el lugar, no por su posesión, sino por el vínculo establecido. Es que los aromas y los lugares forman parte de la identidad personal. ¿Sería el mismo sin mi casa y mi barrio, sin el árbol de la esquina y la avenida a una cuadra?

La condición social aporta, también, a la definición de la identidad. La pobreza se hace presente. No hay orgullo, tan solo aceptación de un pasado que forjó al que es hoy. Y la misma condición definió ciertos valores que se conservan: aprender a “heredar la pilcha” para compartir “los parches y el camino” delinean al hombre abierto al otro, el hombre generoso.

¿Qué es la identidad? No solo lo que expresamos ni tampoco un dato genético. La identidad es un nombre, una forma de ser, un estar, un ir y venir, valores que se sostienen, una calle con nombre de árbol, olor a jazmines, un patio y el orgullo de ser lo que se es.


El recuerdo como refugio

La casa es refugio y el refugio es hogar. Existe una relación estrecha entre el hogar y la madre. Contaba la Madre Teresa la historia de una niña indigente que había sido llevada a uno de sus hogares y tantas veces se había escapado. En una de las tantas búsquedas fue encontrada, junto a su madre, a la sombra de un árbol debajo del cual un fuego calentaba una olla ennegrecida. Al ser invitada al regresar al hogar, respondió: “El hogar está aquí, donde está mi madre”.

¿Por qué existe este vínculo entre el refugio, el hogar y la madre? El vientre materno, en el cual hemos vivido nueve meses ha sido nuestro hogar y perfecto refugio. Por eso, la búsqueda de consuelo nos encuentra en el regazo, o simplemente al lado, en la cocina...

Raly Barrionuevo describe la casa y el reencuentro: sabores, colores, ilusiones que “habitan” el silencio. Ese silencio da sensación de soledad. Silencio y soledad, dos componentes fundamentales del recuerdo.

Hacer silencio es algo parecido a una virtud (¿o lo es?). Es vivir la capacidad del ensimismamiento, retrotraerse al interior y, una vez allí, cesar en todo intento por llenar espacios hasta que el ruido “moleste”. En ese estado uno puede escucharse y g. zar de recuerdos y aromas.

Muchos recuerdos aparecen en situación de soledad. ¿Es la soledad la que dispara esos recuerdos? ¿Pueden esos recuerdos colmar la soledad o “habitar” los silencios?

En “La casa de mi madre” una canción, una ilusión, un color y un sabor colman espacios y caracterizan el reencuentro.


La casa de mi madre
(Raly Barrionuevo – Circo criollo – 2001)

La casa de mi madre
huele a brisas de geranios,
paseándose en el patio
a hurtadillas van los años
y una canción
le habita los silencios

La casa de mi madre
guarda espacios de nostalgia,
jugando en sus rincones
se ha quedado nuestra infancia
y esa ilusión
le habita los silencios

Y hoy vuelvo a buscarme
en la senda del viejo baldío
me ha devuelto a mi madre el camino
y a sus manos de luna y membrillo.

Y hoy vuelvo a buscarme
en el cielo, la noche y el río
Me ha traído a mi patio el camino
y a su aroma de suncho y de grillo.

La casa de mi madre
son los días deshojados.
Mateando los inviernos
en la sombra del naranjo
y ese color
le habita los silencios.

Mi madre es una lluvia
regadora de febrero,
curando mis heridas
con tesitos de poleo
y ese sabor
me habita los silencios.



El recuerdo pone en marcha el regreso. Se hace viva la nostalgia e imperiosa la necesidad de reencontrarse con esa historia personal. Una y otra vez el hombre vuelve a buscarse, en rincones, sabores, sonidos... en la casa de la infancia, en la casa de la madre.


El recuerdo y el valor de la niñez

Personalmente, reconozco en “Chiquillada” una pintura de mi propia infancia. Compuesta por José Carbajal e interpretada por Leonardo Favio o Jorge Cafrune, entre otros, la referencia al “pantalón cortito” indica un tiempo que ha pasado, que, en la revalorización del recuerdo, se convierte en algo digno de contar (o cantar).

Chiquillada
(José Carbajal – Canto Popular – 1969).

Pantalón cortito 
bolsita de los recuerdos
Pantalón cortito 
con un solo tirador

Con cinco medias hicimos la pelota
y aquella siesta perdimos por un gol,
una perrita que andaba abandonada
pasó a ser la mascota del cuadro que ganó.

Dice el abuelo que en los días de brisa
los ángeles chiquitos se vienen desde el sol
y bailotean prendidos a las cometas,
flores del primer cielo, caña y papel color.

Media galleta rompiendo los bolsillos,
palito mojarrero, saltito de gorrión.
Los muchachitos de toda la manzana
cuando el sol pica en pila se van al cañadón.

Yo ya no entiendo que quieren los vecinos,
uno nunca hace nada y a cual más rezongón.
La calle es libre si queremos pasarla
corriendo atrás el aro llevando el andador.

Bochón de a medio patrón de la vereda
te juro no le pago aunque gane el matón,
dos dientes de leche me costaste gordito,
la soba de la vieja pero te tengo yo.

Fiesta en los charcos cuando para la lluvia,
caracoles y ranas y niños a jugar.
El viento empuja botecitos de astraza,
lindo haberlo vivido para poderlo cantar.

Chiquillada, chiquillada, chiquillada...



Sencillez en el relato y en las formas. Es una pintura de la infancia, un estilo: se gana la calle, se apodera de la siesta, transformada en territorio propio, lejos de la vista de los mayores, donde la libertad se vive acalorada por el fuerte sol de los veranos.

En tiempo de violencia y consumismo, “Chiquillada” es una invitación a la simpleza, a un estilo de vida pobre, despojado de sofisticación. Hay fiesta en los charcos, carreras de carritos (o andadores), mensajes al barrilete y una disputa callejera solucionada sin diplomacia. Otra vez el orgullo de lo que se ha sido y la historia que se ayudó a escribir.


Revisión de vida

Es el recuerdo el que impulsa al hombre a volver. ¿O es el volver que motiva el recuerdo?  Como sea... al experimentar el regreso al hogar, a las fuentes, al barrio, se pone en marcha la poderosa máquina del recuerdo. Así queda expresado en “Mariposa Teknicolor”.

Mariposa Tecknicolor
(Fito Páez – Circo Beat – 1994)

Todas las mañanas que viví
todas las calles donde me escondí
el encantamiento de un amor
el sacrificio de mis madres,
los zapatos de charol.

Los domingos en el club
salvo que Cristo sigue allí en la cruz
las columnas de la Catedral
y la tribuna grita gol,
el lunes por La Capital.

Todos yiran y yiran, todos bajo el sol
se proyecta la vida... mariposa technicolor.
Cada vez que me miras, cada sensación
se proyecta la vida... mariposa technicolor.

Vi sus caras de resignación
los vi felices, llenos de dolor,
ellas cocinaban el arroz
él levantaba sus principios de sutil emperador.

Todo al fin se sucedió
sólo que el tiempo no los esperó,
la melancolía de morir en este mundo
y de vivir sin una estúpida razón.

Todos yiran y yiran, todos bajo el sol
se proyecta la vida... mariposa technicolor.
Cada vez que me miras, cada sensación
se proyecta la vida... mariposa technicolor.

Yo te conozco de antes... desde antes del ayer
yo te conozco de antes cuando me fui no me alejé.
llevo la voz cantante, llevo la luz del tren,
llevo un destino errante, llevo tus marcas en mi piel
y hoy sólo te vuelvo a ver...
y hoy sólo te vuelvo a ver...
y hoy sólo te vuelvo a ver...



Hay momentos en la vida que, lo que recordamos, se presenta en nuestras mentes de manera vertiginosa a partir de imágenes que se suceden unas a otras. El recuerdo posibilita, así, la revisión de vida: “Todas las mañanas que viví...”.

¿Cuántas preguntas dispara esta canción? ¿A qué lugares te transporta? ¿Qué rostros pone ante tus ojos? ¿Qué se proyecta de tu vida?

Es un lindo ejercicio: escuchar y dejar que la mente inicie el camino hacia aquellos momentos, situaciones, objetos y personas que moldearon al que hoy somos.

lunes, 27 de junio de 2011

La libertad

Poder, potestad, facultad de elección, de decisión, de acción. Posibilidad, de ser libre y dejar de serlo.

Sin duda, la libertad es uno de los valores más preciados por el hombre. La búsqueda de la libertad, el uso de esta capacidad y hasta su pérdida, han sido el motivo de un sinnúmero de canciones y poemas, basta recordar a “Para la libertad” (de Miguel Hernández musicalizada por Serrat), “En el país de la libertad” (de León Gieco) o “Desapariciones” (de Rubén Blades), por citar algunos ejemplos.

Nos toca hoy la canción “Libre”, popularmente conocida por la interpretación de Nino Bravo. La misma pertenece a la dupla José Armenteros - Pablo Herrero (autores de “América” y “Un beso y una flor”, entre otros del citado Nino Bravo).

Son muchas las versiones que circulan acerca del significado de la canción: para algunos, una referencia a la guerra civil española, para otros, el intento de un joven de cruzar el Muro de Berlín en plena guerra fría. Pero, más allá del origen de la misma, de los hechos que inspiraron estos versos, la letra nos remite a los aspectos más profundos de la libertad.


Libre


Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar,
pero tras la frontera está su hogar, su mundo y su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es un trozo de metal,
algo que nunca puede detener sus ansias de volar...

Libre, como el sol cuando amanece,
yo soy libre como el mar.
Libre, como el ave que escapó de su prisión
y puede al fin volar.
Libre, como el viento que recoge mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar, detrás de la verdad,
y sabré lo que es al fin la libertad.

Con su amor por bandera se marchó cantando una canción,
marchaba tan feliz que no escuchó la voz que le llamó.
Y tendido en el suelo se quedó sonriendo y sin hablar,
sobre su pecho flores carmesí brotaban sin cesar...



Es común asociar la libertad con la condición de ciertos elementos de la naturaleza. El estribillo nos habla del sol, del mar, del viento, del ave que logra escapar. Pero, agrega una expresión bíblica que no puede dejar de comentarse: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres" (Jn 8, 31-32). La búsqueda de la verdad es una de las tareas más nobles del ser humano, la decisión de liberarse de la ignorancia, del error, de la pesadumbre y allanar el camino de las certezas: ¿dónde ser feliz? ¿Cómo hallar gozo, paz, serenidad? Un deseo alimenta este caminar: saber lo que es la libertad, experimentarla.

Las estrofas de la canción narran la historia del joven que busca este don. Aquí, al hablar de la libertad se deja en claro que el hombre busca “liberarse de”: aquello que produce una atadura y posterga la felicidad. Dar el paso decisivo es experimentar el renunciamiento: se deja algo atrás porque se confía en la promesa (muchas veces se renuncia a un bien) de alcanzar un bien superior.

Mounier decía que el hombre es capaz de liberarse independientemente de los condicionamientos sociales. Así, la segunda estrofa nos presenta la distinción entre la libertad exterior y la interior. El joven se marcha hacia “la frontera”, allí alcanza la muerte y su liberación.

¿Es posible liberarse interiormente aún cuando el hombre se encuentra sometido a condiciones que bien puedan oprimirlo o alienarlo? Si esa opresión es física, que impide el movimiento, el traslado, el goce de la propia decisión, sí; en el plano espiritual es posible liberarse aún cuando esas situaciones cercenen la libertad exterior: libertad de pensamiento, de conciencia, de querer...

¿Y las decisiones? Siempre para alcanzar el bien. ¿Qué sentido tiene la libertad de querer si las opciones tomadas conducen al hombre a ataduras o esclavitudes? El hombre es libre para realzar su propia dignidad.

La vida nos da múltiples ejemplos de personan que creen ser libres pero se encuentran atadas a un sinnúmero de condicionamientos que van mutilando este don tan preciado y, por el contrario, tanta personas que parecen estar despojadas de todo, alcanzan la libertad en un plano interior que les permite hallar la fuerza y la convicción de luchar por su libertad exterior. Basta querer alcanzar la verdad para que ella nos muestre cuál es el rostro de la libertad.

jueves, 23 de junio de 2011

Las etapas de la vida

En 1976 fue editado “Humanos”, tercer disco del dúo Pastoral, formado por Alejandro De Michele y Miguel Angel Eurasquin. En esa obra estaba incluida la canción que hoy buscamos comentar.

Sin lugar a dudas, De Michele fue el poeta y cantante más filosófico del rock nacional. En sus canciones se percibe una sensibilidad especial para tratar la vida, la muerte, el encierro, la cotidianeidad... Canciones como “En el hospicio”, “Humanos” o “Atrapados en el cielo” demuestran una preocupación por abordar la cuestión humana desde preguntas fuertementes existenciales.

En la tapa del disco “Humanos”, realizada por Juan Oreste Gatti (recordado ilustrador del rock nacional en grandes obras para Sui Generis, Crucis, Pescado Rabioso, entre otros), una profunda frase ilustra claramente esta mirada filosófica sobre la vida: "La muerte nos espera vestida de gala en todos los rincones, para tragarnos. Y ya que no podemos detenerla con argumentos lógicos, por lo menos tratemos de positivar nuestro paso por la vida para ingresar en su estómago con nuestra mente funcionando y hacerle vomitar la esencia del que aunque ahora muerto no nació para durar."


En el mismo disco, la obra titulada “Me desprendo de tu vientre – De regreso a tus entrañas” busca desentrañar el misterio de la vida, pensada desde el vientre materno, el crecimiento, las huellas en el camino, la descendencia y la posibilidad de una vuelta a las entrañas para continuar la vida...

Me desprendo de tu vientre
(Letra y Música: Alejandro De Michele - Pastoral/Humanos - 1976)

Llego desde el centro de tu vientre a esta vida
con el llanto y la ceguera que ella misma impone, 
se que respirando sólo viviré durando
hasta que mi cuerpo tome forma verdadera. 

Ay! ¡Qué fácil me fue nacer
con el dolor de mi madre
y así empezar a crecer!

Y sentir mis huesos quietos no querer quedarse
y querer que mi nombre suene impresionante, 
Y abrir mis ojos que nunca supe que estaban
para atrapar las luces con solo mirarlas. 

Ay! Qué fácil nos es crecer
cuando no queremos mirar, 
que vivir no es sólo respirar! 

Y pasar por el colegio y la secundaria
y cerrar mi mente a todo lo que sea farsa
y sangrar mi cara por haber gritado fuerte
y saber más tarde que siempre algo se aprende. 

Y hoy el ayer me queda lejos
y veo que estoy creciendo
cuánto atrás va quedando atrás, tan atrás.

De regreso a tus entrañas

Siento el tiempo en mi cuerpo,
dejando nuevas pisadas
sobre aquellas huellas viejas
que ya estaban. 

Y trato hoy de saber
qué es mejor, tal vez no.
Tal vez no sea el suspiro frágil
de una brisa tenue que despierta
el que me recuerde de dónde
robar ternura el día que no tenga. 

Y entonces hoy me trato de sacar
los clavos de mi cabeza; 
esos que no me dejan pensar
que tal vez sea un hijo con todas las ganas
de tener mis propios hijos,
esparcidos por el cosmos
de manera que su aliento
empañe estrellas. 
Y a lo mejor el regreso es mejor, 
tal vez no. 

Tal vez sea un hombre con niñez presente,
aplausos y también amantes. 
Tal vez haya sido un germen
que, creciendo, tuvo que asumir que late. 
El vientre de donde saltó una vez
y al que hoy va a regresar
para vivir en él. 
Vivir en él.



“Llego desde el centro de tu vientre a esta vida”. La vida comienza en el vientre materno. Una descripción lograda de ese estado de felicidad, contención y resguardo.

“Y sentir mis huesos quietos no querer quedarse”. ¿Cómo describir la sensación del que está naciendo? ¿Cómo narrar ese pasaje del vientre al “afuera”?

“Vivir no es solo respirar”. Quizá la mejor frase de toda la canción. Una convicción de que respirar no es lo mismo que vivir. La vida exige que sea honrada, una vida sin sentido no es vida, una vida sin sueños ni proyectos carece de intensidad, de color, de grandeza.

“Cuando atrás va quedando atrás”. Constatar el crecimiento al comprobar que los años van pasando y uno lleva historias en su mochila, comienza a cosechar experiencias...

“Dejando nuevas pisadas sobre aquellas huellas viejas”. Un camino que se sigue y, a la vez forma una nueva senda... Un homenaje a quienes nos precedieron y con su experiencia nos mostraron el camino. Camino que cada uno debe desandar.

“Y entonces hoy me trato de sacar los clavos de mi cabeza”. Vida también es dificultad. Cruces, pruebas, obstáculos, contramarchas... Momentos en los que uno se encuentra en la encrucijada: confusión, tiempo de decisiones, de discernimiento.

“Y a lo mejor el regreso es mejor”. Una vuelta al origen. Con la convicción de seguir engendrando vida. De regreso a tus entrañas, para vivir allí...

Una propuesta interesante para hacer revisión de vida, dejar que los recuerdos nos transporten a etapas ya vividas y proyectarnos, con las imágenes de la canción, hacia ese futuro que anhelamos.

martes, 21 de junio de 2011

El sentido de la vida

Albert Camus decía que había un solo problema filosófico: el suicidio, es decir, el pensar si la vida merece ser vivida.

La cuestión sobre el sentido de la existencia es una fuente inagotable de reflexiones, y no hay duda, esta pregunta ocupará siempre los primeros lugares entre las que más interesan al hombre.

El tango “Uno” manifiesta esta honda preocupación humana.

Uno
(Letra: Enrique Santos Discépolo – Música: Mariano Mores)

Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias,
sabe que la lucha es cruel y es mucha,
pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina.

Uno va arrastrándose entre espinas,
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón,
precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engañó,
vacío ya de amar y de llorar
tanta traición...

Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di,
si yo pudiera, como ayer,
querer sin presentir,
es posible que a tus ojos,
que hoy me gritan su cariño
los cerrara con mis besos,
sin pensar que eran como ésos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir...

Si yo tuviera el corazón,
el mismo que perdí,
si olvidara a la que ayer
lo destrozó y pudiera amarte...
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor...

Pero Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré cómo quererte,
déjame que llore cómo aquel
que sufre en vida la tortura
de llorar su propia muerte.

Pura como sos, habrías salvado
mi esperanza con tu amor.
Uno está tan solo en su dolor,
uno está tan ciego en su penar,
pero un frío cruel, que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y me robó
toda ilusión...






Al escuchar “Uno” (Letra: Enrique Santos Discépolo – Música: Mariano Mores), el inicio mismo del tango nos presenta la esperanza de hallar ese sentido; un camino que se ha soñado y que implica esfuerzo y “lucha”.

El amor asoma como la meta anhelada. Amar: para eso existimos. Pero...

La presencia de la frustración existencial (antítesis del sentido de la vida) irrumpe con toda su fuerza en el estribillo: ¿qué sucede cuando no se puede amar? La respuesta está en la segunda estrofa.

Siempre hay una oportunidad, pero, en este caso, el protagonista está encerrado en su pasado, su corazón herido está impedido: la “tumba horrenda” del amor ha encerrado esa nueva posibilidad del que “está ciego en su penar”.

“Uno” sintetiza el dolor de tantos hombres y mujeres que, o bien no han hallado un sentido o lo que poseían como tal se ha desvanecido.

Este mismo tema se encuentra en muchas letras del universo del tango. Una de ellas es “La última curda”.

La última curda
(Letra: Cátulo Castillo – Música: Anibal Troilo)

Lástima, bandoneón, mi corazón...
tu ronca maldición maleva,
tu lágrima de ron me lleva
hacia el hondo, bajo fondo
donde el vaso se subleva...
Ya sé... no me digás...
tenés razón
la vida es una herida absurda
y es todo, todo tan fugaz
que es una curda, nada más,
mi confesión...

Contame tu condena,
decime tu fracaso,
... no ves la pena que me ha herido?
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido...

Ya sé que me hace daño!
Yo sé que te lastimo
llorando mi sermón de vino...
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón al corazón.

Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última curda...

Cerrame el ventanal
que quema el sol
su lento caracol de sueño...
no ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris,
tras el alcohol.


En sus primeras líneas, el tango nos deja una definición contundente: “la vida es una herida absurda”.

¿Cómo puede entenderse esa herida?  ¿O es inentendible por el mismo carácter de absurda? La fugacidad de la vida también se expresa de modo patente: es tan corta que basta con una ronca confesión.

Entre los grandes temas que han movilizado la cuestión acerca del hombre, la mención al fracaso es uno de los más relevantes. De muchas maneras fracasamos y muchas son las posturas frente al fracaso.

Aprender de los tropiezos puede ser de las salidas más saludables, pero concebir al fracaso como una condena, paraliza.

En el pensamiento de Víctor Frankl, uno de los claros ejemplos de ausencia de un sentido para la vida es el considerar al placer sensible como un principio regulador de la existencia.

El alcohol impulsa una confesión, ¿o lo es un viejo amor que terminó en fracaso? Ciertamente, el protagonista busca el olvido (“y busca en un licor que aturda”), cerrar un capítulo (“la curda que al final
termine la función / corriéndole un telón al corazón”).

En las canciones hay lugares espacialísimos para el encuentro redentor, liberador, el pasaje de la frustración existencial al hallar, encontrar un sentido para la vida. Uno de esos lugares es el bar.

“Milagro en el Bar Unión” (Salzano – Jairo / Estampitas / 1997) es una de las canciones que pinta el encuentro entre dos almas en busca de amor en el marco de un bar, en el cual Dios toca el piano del salón. La frase final es elocuente:


“Algunos bares parecen hechos a la medida 
son como besos que hacen milagros en las heridas”. 

Pero la canción que mejor pinta el encuentro entre la frustración y el sentido es “El bar de los fracasos”.

El bar de los fracasos
(Víctor Heredia – De amor y de sangre – 1985)

Descubrí tus ojos en un bar
donde va a morir la soledad
y el otoño fuma un cigarrillo,
y entre los paseantes del dolor
encontré tus ojos, y el amor
espantó las brujas del suicidio...

Yo tomaba un loco copetín
vomitando al cielo el folletín
de mi vida yendo hacia su ocaso.
Vos buscabas algo mas que un Gin,
aunque poco había por allí,
en el viejo "Bar de los fracasos"

Me miraste apenas y lloré,
no sabía entonces que el amor
abre puertas que cerró el ayer.
Yo era solo un hombre con dolor,
una sombra en la mesa de un bar,
una playa ciega sin su mar,
una nube que olvidó volar,
en el viejo "Bar de los fracasos"

Nos amamos tanto en ese hotel
con extrañas flores de papel,
en mi vida vi tanta esperanza.
Algo de mi antigua soledad
se aburría sola en un sofá
envidiando el fuego en nuestras almas.

Ese tiempo azul canté y amé,
fui de nuevo viento, fui cincel,
corazón y espuma encaramada.
A tus pechos de victoria y fe,
a tu vientre cálido y tu miel,
a esa sombra extraña en tu mirada.

Me miraste apenas y lloré,
no sabia entonces que el amor
cierra puertas sin decir porqué.
Yo era un hombre solo con dolor,
una sombra en la mesa de un bar,
una playa ciega sin su mar,
una nube que olvidó volar,
en el viejo "Bar de los fracasos".
Me miraste apenas y lloré.....




Hay cierto dramatismo en el inicio de la canción, la descripción del bar y la motivación de los que allí esperan...

“Espantó las brujas del suicidio”, es una de las expresiones más fuertes que el autor manifiesta. Sin duda, caído en la frustración existencial, no hallar sentido a la existencia hace presente el terrible interrogante sobre la vida.

Pero el protagonista tiene una actitud de búsqueda, ya que el “Bar de los fracasos” es el lugar donde va a morir la soledad... hay una manifiesta esperanza.

El encuentro es redentor: una mirada, un diálogo, un abrazo. “Me miraste apenas y lloré...” es la expresión de quien se sabe redimido, liberado de una antigua esclavitud; el verdadero amor puede curar heridas y devolver a la persona el espíritu de alegría y esperanza que el fracaso le había arrebatado conduciéndolo a la frustración.

Recuperar la existencia, reconocerse como viento, como cincel, saber hacia dónde caminar, saberse autor de su propia historia, recuperar el sentido...

Algunas preguntas para continuar la reflexión:

¿Qué es el sentido de la vida?
¿Qué es la frustración existencial?
¿Con qué imágenes se presentan estos conceptos en las tres canciones?
¿Cómo hallar el sentido de la existencia?